Archive for 2013

Canciones Radio Free Europe 2013 (Parte 3)


A continuación la tercera parte del ranking del año, en este segmento tenemos de todo, electrónica, avant garde, hasta rock en español. Seguimos la cuenta regresiva desde el puesto 160 hasta el 141.


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Canciones Radio Free Europe 2013 (Parte 2)


A continuación la segunda parte del ranking con las mejores canciones del 2013.


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Canciones Radio Free Europe 2013 (Parte 1)



A continuación el ranking con las 200 mejores canciones del año para este pequeño espacio. Encontrarán de todo como en farmacia como suele pasar con los rankings de Radio Free Europe. Espero lo difruten, hay demasiada música buena.


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Los mejores discos del 2013 según Radio Free Europe (Parte Final)


Bueno, ahora toca presentar el top 10 de un año que será recordado por varias razones, la muerte de Lou Reed, uno de los nombres fundamentales para entender lo que es la música popular de nuestros días, también se nos fue Nelson Mandela, símbolo global de la resistencia frente al orden establecido, o James Gandolfini, aquel actor que interpretó a uno de los íconos culturales recientes. También nos dejó Breaking Bad, una de las cumbres televisivas de todos los tiempos. En fin, enumerar finales reales o ficticios sería pasarme toda la tarde escribiendo. Este 2013 fue muy bueno en lo musical, al menos en lo que respecta a música popular occidental. Hubieron regresos triunfales, confirmaciones, interesantes descubrimientos, en fin, un sin número de triunfos a la medida de cada uno. El blog cambio también de formato y concepto. La persecución de blogs a cargo de "la ley" que protege  los derechos de autor (o mejor dicho, a los intereses de la industria de entretenimiento) cerró varios espacios lo que me obligó a compartir en stream, dejando de compartir archivos. Pero bueno, aún seguimos con vida y aquí les presento el top 10 que a mi humilde parecer es lo mejor que nos ha dado este año que está a punto de irse. Debo agradecer a quienes han colaborado este año con este pequeño espacio, Daniel, Omar, Leticia y Miguel, que sin su valiosa ayuda no hubiera mantenido el ritmo del blog.


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Los mejores discos del 2012 según Radio Free Europe (parte 4)


La cuarta entrega del ranking nos muestra la interesante variedad de géneros que nos regalo este 2013, el pop de autor, el folk, el avant garde, en fin, un rico racimo de buena música. Disfrutenlo.

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Los mejores discos del 2013 según Radio Free Europe (Parte 3)



Para esta tercera entrega tenemos a viejos conocidos pero también nombres que van definiéndose como propuestas interesantes a tener en cuenta en el futuro. Espero disfruten con la continuación de este ranking.


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Los mejores discos del 2013 según Radio Free Europe (Parte 2)



En la segunda parte del ranking hay, coincidiendo por cosas de la vida, un bloque interesante de experimentación sonora, en la mayoría de casos nombres que ya tienen un lugar dentro de sus respectivos géneros. Oído a la música.

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Los mejores discos del 2013 según Radio Free Europe (Parte 1)



A continuación, la primera parte del ranking que inicia así su cuenta regresiva. Experimentación, electrónica, nombres conocidos que regresan, agradables sorpresas, en fin, un surtido más que recomendable.


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Los mejores discos del 2013: Mención Honrosa



Este año 2013 fue sin duda el año de los regresos inesperados. Felizmente, la mayoría de ellos fueron regresos que estuvieron acorde al status de culto de determinados artistas o bandas. Regresos largamente esperados como los de de David Bowie, My Bloddy Valentines, Boards of Canada, Nine Inch Nails, Prefab Sprout o Daft Punk, clásicos contemporáneos como The Knife, Queens of the Stone Age, Locust o Sebadoh, o grandes nombres de los últimos años como Arcade Fire, Vampire Weekend o Bill Callahan, por nombrar algunos de los nombres que se me vienen a la mente. Lo cierto es que la mayoría regresó por la puerta grande, recordándonos que a veces no se necesita ser tremendamente rupturista con respecto al propio pasado para poder firmar trabajos de calidad. No podemos obviar que la primera parte del año estuvo plagada de bandas con influencia psicodélica, por allí estuvo la apuesta de muchas de las publicaciones especializadas y de los blogs de tendencias. Una de las cosas que también me parece interesante resaltar es que dificilmente los álbumes que salieron al mercado a inicios de año goza de demasiado beneficios comparando con los  que gozan los trabajos aparecidos a mediados o finales de año. Eso pueden apreciarlo en la mayoría de listas elaboradas por blogs, revistas,etc. A continuación, les presento un grupo de álbumes que no entraron entre los 50 del año pero creo que merecen ser mencionados ya que se trata de trabajos dignos de mención. Al final, este asunto de los rankings es subjetivo y sus resultados bastante relativos, siendo la elaboración del ranking de Radio Free Europe tan suceptible de cuestionamientos como también puede serlo cualquier otro ranking elaborado.por otro medio enfocado en la música independiente. Espero les guste.

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Nick Cave And The Bad Seeds-Push The Sky Away



Esta crítica empieza con una confesión cuanto menos embarazosa en alguien que se dedica a hablar de música: hasta que escuché este año el disco que nos ocupa, no había escuchado casi nada de Nick Cave. Sabía quién era, y conocía su estatus de semidios de la música contemporánea y de crooner supremo de pasiones y amores plagadas de imágenes desgarradas y religiosas, pero lo máximo que había escuchado de él, además de algún single suelto, y del segundo disco que sacó con Grinderman, era la primera mitad de The Boatman’s Call. Ahora he escuchado bastante más, pero creo que es interesante que esta crítica, en vez de ser la opinión de alguien conocedor de su obra (para eso les recomiendo,por ejemplo, la crítica que un buen amigo mío hizo en el blog El Turista de Alta Fidelidad), sea más bien un relato de qué pensamientos cruzaban mi cabeza cuando lo escuché sin conocimiento previo de su extensa discografía, el cual es un enfoque menos erudito para una crítica, pero creo que igual de interesante.

Para un recién llegado, lo primero que Push The Sky Away le transmite es que el creador del disco tiene las cosas muy claras. Da la impresión en todo momento de ser el trabajo de alguien que ha probado de todo en su carrera, y que sabe perfectamente qué quiere hacer con sus canciones, lo que le da al disco un aire sereno, medido, pero nunca sonando mecánico o calculado, sino siempre tan pasional como sus excepcionales letras, intensas y llenas de imaginería religiosa. Es tan medido que, por no haber, no hay ni temas de más: nueve temas solamente, todos excelentes y cercanos a una idea de blues atmosférico con un barniz de postpunk y jazz, y todos con pocos arreglos, pero sin resultar austero o monótono, estando siempre en un punto medio muy complicado de alcanzar, y al que solo se puede llegar cuando ya llevas muchos años haciendo canciones.

Los expertos dicen que el sonido del disco se sitúa a medio camino entre la austeridad de discos como The Boatman’s Call y No More Shall We Part, y el ruidismo de Let Love In o su etapa con Grinderman. Dentro de lo que conozco, me suena menos ruidista que Grinderman, menos furioso, pero igual de intensos y perturbadores, tanto cuando los arreglos se vuelven un poco más anárquicos (sobre todo en la jazzera Water’s Edge) como cuando ataca estructuras de rock y blues más estándares, como las maravillosas Jubilee Street (dos de los minutos finales más intensos del año, con unos circulares arreglos de cuerda y guitarras para el recuerdo), Mermaids o la más líricamente impresionista y bíblica de todo el disco, Higgs Boson Blues. En las escuchas, tanto de estas como del resto de temas del disco, nombres míticos como los de Tom Waits, Leonard Cohen o los de maestros del blues como Leadbelly me rondaban la cabeza, en la que sobre todo resonaba la idea de lo influyente que ha sido el australiano para mucha gente. Nombres como los de PJ Harvey (cuya ruptura con ella inspiró el austero The Boatman’s Call), Low, Tindersticks, la parte menos fronteriza de Calexico, los The National más atmosféricos, Mark Laneghan en solitario… en todos ellos puedo escuchar la influencia del australiano y su banda claramente, al menos la de la versión que suena en este disco.

Así que, si nunca han escuchado antes a Nick Cave, pero sí a estos grupos, háganse un favor, y que este disco sea su puerta de entrada a una discografía casi bipolar en su separación entre ruido e intimidad, pero siempre intensa y pasional, y que se merece todos los elogios que ha recibido, y más. Push The Sky Away no es de las entradas más potentes de ella, y tampoco funciona, como en el caso de, por ejemplo, el nuevo disco de Nine Inch Nails, como un buen resumen de su carrera (no hay ni rastro del post-punk industrial de The Birthday Party, o del bluesero alucinógeno de los primeros discos con The Bad Seeds), pero además de ser uno de los discos más bonitos del año, es un ejercicio de clase, madurez y contención bien entendida, cosa que no muchos músicos con su edad y trayectoria pueden decir.


Mi nota: 8

Mis favoritas: Water's Edge, Jubilee Street, Mermaids



Daniel Díaz





Push The Sky Away




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EP-Burial:Rival Dealer



Hace algunos días salió al mercado un nuevo EP de Burial titulado Rival Dealer, un trabajo de tres canciones en el que el artista inglés sigue explorando su particular sonido, es decir, esa mezcla de sensualidad fantasmal, texturas infinitas bañadas en melancolía y esos ritmos trepidantes que aceleran el ritmo cardiaco. Un nuevo triunfo de la música urbana del futuro y de su principal artífice.



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Arcade Fire-Reflektor



Se pueden decir muchas cosas de Noel Gallagher, pero no que dé entrevistas aburridas. En la última que ha concedido para Rolling Stone hace dos semanas, además de cagarse en medio mundo indie, decía lo siguiente del disco que nos ocupa: “Cualquiera que vuelva con un doble disco necesita sacar un poco la cabeza de su propio culo. Ya no estamos en los 70s, ¿ok? ¿Quién tiene tiempo, en 2013, para sentarse ni siquiera a escuchar un disco de 45 minutos? ¿Cuan arrogantes son estos tipos para pensar que la gente tiene una hora y media entera libre para sentarse a escuchar su puto disco?”

Pero claro, no hablamos de cualquier grupo: hablamos de Arcade Fire. Los tipos más cercanos, tanto en ambición y épica como en ventas a U2 que han surgido en muchos años, más incluso que Coldplay. Los tipos que son casi diez en escena, pero que se les pueden escuchar a todos. Los que hicieron Funeral, obra de importancia capital en el pop para demasiada gente. Los mismos que, al final de la era de The Suburbs, debían de sentirse tan atrapados en su propio suburbio de pop épico e instrumentación indie-ostentosa como los personajes de las canciones de aquel disco. No es una situación nueva en el mundo de los grupos de pop con un éxito aplastante: los ejemplos más históricos cubren desde U2 hasta Talking Heads, pasando por el inventor de la reinvención cuando el camino parece agotado, David Bowie. De todo esto, y de los tres nombres mencionados, hay mucho en Reflektor, su cuarto disco, doble, excesivo (en arreglos, minutaje, canciones, experimentos…) y puede que muy arrogante, pero también apasionante y absolutamente necesario, tanto para ellos como para su legión de fans, les guste o no. Imprescindible para ellos porque, como se ha dicho antes, en The Suburbs se les notaba amordazados por su propia leyenda: aquella que les vio nacer en Montreal en 2001, sin mucha idea de qué hacer con un instrumento pero con muchas ganas de hacerlo lo mejor posible, que vio nacer su disco más celebrado por los fans de las cenizas dejadas por el dolor de la pérdida de varios familiares de miembros de la banda, la que siempre recuerda las curiosas influencias haitianas de parte de la familia de Régine Chassagne, y que casi siempre está regada por los arreglos de cuerda preciosistas de Sarah Neufeld y Owen Pallett, de los cuáles intentaban escapar en su tercer disco. Y también imprescindible para sus fans porque hará que no poca gente se interese por las nuevas y hasta ahora impensables influencias de este disco. Porque, en general, y como sucedía en el Low de David Bowie o en el Achtung Baby de U2, en Reflektor Arcade Fire juegan constantemente a sonar a todo menos a su propio pasado. Aunque al final, a lo que más recuerda este disco, por las pasadas credenciales indies del grupo, por el sonido que han adoptado, y por el productor que han escogido para tal cambio, es al giro que dio Talking Heads en Fear Of Music y Remain In Light.

Y el que el productor de este doble disco es James Murphy, y se nota. Seguidor a ultranza del lema “go big or go home”, se trae el manual de Talking Heads y Bowie que tan bien lleva aplicando estos últimos diez años en su música, y lanza al grupo a un mundo de funk, disco analógico y sucio, y a algunos de los experimentos más estrambóticos de su carrera. El más extraño y uno de los más notables es el dub distorsionado de Flashbulb Eyes, que contiene las trompetas más providenciales del año, las cuales casi consiguen tapar la letra más horrible de su carrera; pero también brillan, tanto por calidad como por novedosos, Normal Person, que si bien al principio parece una reescritura de Modern Man, explota en su rockero estribillo, muy pero que muy deudor del Bowie más berlinés; el delicioso break carnavalesco al comienzo y en medio de Here Comes The Night Time, y los aires glam rock de la demasiado pegadiza Joan Of Arc. Hemos hablado de carnaval, dub, disco y funk, y es que Reflektor es en su mayor parte un disco para disfrutar con los pies además de con los oídos, algo sobre todo palpable en los dos primeros adelantos que tuvimos del disco, las muy conocidas ya Reflektor y Afterlife, las cuáles son las más parecidas del disco al sonido neo-funk analógico (toma palabro absurdo) de James Murphy.

Eso sí, como sucedía en los discos históricos antes mencionados, la personalidad y el sonido característico del grupo termina saliendo de vez en cuando, y aquí lo hace sobre todo en la segunda mitad del disco, en la que se bajan de vez en cuando de la pista de baile. La más tranquila de todas, y la que más claramente sirve como asidero para sus fans tradicionales es Here Comes The Night Time II, una revisión orquestal y mucho más oscura de la canción antes mencionada, la cuál es seguida por uno de los dúos de temas más importantes temáticamente de un disco que habla sobre todo de sentirse atrapado. La primera, Awful Sound (Oh Eurydice) es una preciosa balada de percusiones sutiles y marciales y sintetizadores ensoñadores, mientras que la segunda, It’s Never Over (Oh Orpheus) es de las más funkys del disco, puede que más que Reflektor. Dos caras, una más tranquila y otra más bailable, de una misma historia: la leyenda griega de cómo Orfeo casi rescata a su amada Eurídice de las fauces del Infierno, sólo para perderla en el último momento, cuando él giró la cabeza demasiado pronto por la ansiedad de volver a verla.

Y con la mecánica y fría Porno (entiendo el sonido y la producción, pero es de las que menos me gustan del disco), la ya mencionada Afterlife y la evocadora Supersymmetry, la casi hora y media de Reflektor se cierra, larga e incluso indulgente, pero tan apasionante como los nombres implicados en ella hacían esperar. No es un disco perfecto, ni mucho menos: en cada tema hay momentos en los que desearías que no hubieran hecho ciertas cosas, y el concepto de mesura, autocrítica o control ni se le ve ni se le espera. Pero Arcade Fire podrían haber hecho un The Suburbs II y se hubieran forrado igualmente, y decidieron arriesgar, e incluso alienar a una buena parte de sus fans con un disco sucio, más bailable y a la vez más complejo y denso que cualquier otro en su discografía, un disco que necesita de varias escuchas para empezar a desvelar toda su sucia belleza, y que es probable que sus millones de fans no necesitaran, pero que todo el resto de oyentes sí, especialmente el propio grupo. Noel Gallagher puede tener razón, pero con un disco como este, puede que uno de los discos del año, merece la pena arrancarle esa hora y media a nuestra ajetreada vida de las mismísimas entrañas y escucharlo, sentado, o moviendo los pies como si no hubiera un mañana y las luces artificiales y las cámaras pudieran atrapar nuestra alma.


Mi nota: 8.5

Mis favoritas: Here Comes The Night Time, Joan Of Arc, Awful Sound (Oh Eurydice)


Daniel Díaz




Reflektor




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Haim-Days Are Gone


Dentro de la lista de debuts esperados de este año, el del trío californiano Haim estaba en los puestos más altos: los excelentes y extremadamente pegadizos adelantos Forever, Falling y The Wire mostraban a un grupo que hacía bastante más que un homenaje sentido al soft-rock setentero (antes vilipendiado y ahora justamente recordado y reivindicado), sino que construía canciones sinceras y fantásticas que, además de otras muchas influencias no precisamente ocultas, a veces sonaban a la mejor Stevie Nicks. Days Are Gone, su esperadismo primer disco, afortunadamente, está lejos de ser solamente una copia del Rumours de Fleetwood Mac, por ejemplo.

Como los tres singles antes mencionados ya mostraban, hay mucho de R and B noventero en su propuesta: TLC o En Vogue vienen rápido a la mente al escuchar temas como Days Are Gone, Send Me Down (bonus track de la edición deluxe) o la hipnótica My Song 5, el momento más mutante del disco, y que suena al Timbaland más minimalista que produjera un riff de guitarra que bien podria haber firmado el Trent Reznor más bluesero. Sin embargo, los dos momentos que más me emocionan del disco son precisamente dos de los menos eclécticos. El primero es la preciosa balada Honey And I, el momento más Fleetwood Mac del disco, y que es una de las canciones que mejor muestra la fuerza y destreza de la sección rítmica del grupo. El otro momento es el espectacular cierre del disco, Running If You Call My Name, una balada que habla sobre escapar a toda costa de algo, y que suena tan evocadora, épica y emocionante a todos los éxitos baladescos desgarrados de los ochenta, desde la Cyndi Lauper de Time After Time hasta el Phil Collins de In The Air Tonight, pasando por la Pat Benatar de We Belong, por citar tres ejemplos. Es una de las canciones del año, y dentro del disco es uno de los momentos que mejor muestran la fuerza y la riqueza de la voz de contralto de Danielle Haim.

Y con todo, lo mejor de Days Are Gone no son las influencias o la capacidad de evocar tiempos mejores para el pop comercial, a pesar de que se nota de que hay un trabajo bien hecho de estudiar influencias, arreglos y sonidos. Lo mejor de Days Are Gone es lo tremendamente sincero y de verdad que suena todo: no se atisban poses, ni bufandas en julio, ni gafas de sol a las doce de la noche, todo muy común en los discos que suenan a revival, sino que todo suena a tres chicas de unos veiniticinco años con una energía, pasión y sinceridad aplastantes, y que en todo momento parece que se estén dejando la piel en algunas de las mejores canciones de pop rock publicadas en años. Es algo que se puede corroborar en cualquier actuación que podáis ver suya: la energía y sinceridad que desprenden es contagiosa, y te hace botar aún más alto con los temas más movidos y dejarte la garganta coreando sus momentos más pausados. Y cuando la pasión y la sinceridad se juntan con la calidad, lo que queda es uno de los mejores debuts del año, a la altura de todo el hype que arrastraban ya. Y si de paso sirve para reivindicar a gente tan importante como Fleetwood Mac, Pat Benatar, Foreigner o Toto, pues aún mejor para todos.



Mi nota: 8.5

Mis favoritos: Falling, Honey & I, Running If You Call My Name



Daniel Díaz




Days Are Gone




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Oneohtrix Point Never-R Plus Seven


El nuevo álbum del proyecto de Daniel Lopatin, Oneohtrix Point Never, muestra un poco de todo lo que el norteamericano ha mostrado en sus diversos proyectos, aunque intentando ser lo menos complicado posible (a diferencia de como suelen ser sus trabajos). R Plus Seven es su nueva entrega, y es su primer disco para el sello WARP, algo así como la meca para quienes hacen música electrónica. Sin duda, la nueva entrega es menos abstracta y por el contrario más física, y en ella podemos percibir canciones con cierta luz, intensas, por momentos frías pero también etéreas (podemos escuchar voces robóticas simulando coros celestiales), con cierta críticidad con respecto a la sociedad moderna. El video (otro formato con el que Lopatin suele expresarse) de Still Life(Betamale) muestra el rostro transgresor del norteamericano, collage de imágenes y discurso en formato digital. Un tipo complejo este Lopatin, aunque al mismo tiempo uno de los creadores más interesantes del último lustro.

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Tim Hecker-Virgins


Grabado en Seattle, Montreal y Reykjavik, Virgins es la continuación de ese gran álbum llamado Ravedeath, 1972, trabajo que le permitió a Tim Hecker lucir todos sus argumentos como músico y aparecer en todas las publicaciones musicales a pesar de que su trabajo no era precisamente comercial. En Virgins, Hecker es acompañado por varios músicos, con quienes obtiene una serie de texturas que le ayudan a expresar diversos sentimientos, los que están rodeados por un aura mística, casi religiosa. Hecker se basa, para este álbum, en la repetición como factor envolvente, el minimalismo para llegar directamente hacia la sensación buscada, los silencios, la distorsión borrosa que otorga a las canciones esa característica espectral, y la luminosidad que otorga el piano y las cuerdas, contrapuntos a la textura opaca que reina en el disco. El otro día leí que Hecker graba todo tipo de sonidos, y los va trabajando uno a uno a través del ordenador hasta que encuentra los detalles sonoros deseados. Virgins es un álbum que vuelve a mostrar el talento de Hecker y su infatigable búsqueda por expresar sensaciones que van más allá de lo que todos conocemos.


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The Field-Cupid's Head



Cupid's Head es el cuarto álbum que Axel Willner lanza al mercado como The Field en el que si bien muestra las mismas virtudes de sus tres álbumes anteriores algo cambia en la esencia. Aunque todo se organiza en torno a un loop que se repite y da identidad a las canciones (y al álbum en general), el ambiente es más oscuro que en sus trabajos previos, existe cierta pesadez, un poco de hostilidad, a diferencia de sus otras tres entregas en las que siempre primaba el color, la luz y, claro, el ritmo. Otra de las diferencias que apreciamos en Cupid's Head es que Wilner regresa a las programaciones dejando de lado el paulatino"enrockecimiento" de su propuesta, ya que parece abandonar la pretensión de hacer física su música y más bien parece querer volver a lo liquido de las texturas, al loop que se expande uniformemente a lo largo de las canciones, y a esos detalles que le dan vida y sensualidad a ese panorama matemático y rígido. El cambio en la esencia de su música se puede apreciar desde la portada del álbum, el que cambia de color (siempre mantenía el mismo diseño con ligeras variaciones en el color y en el tipo de letras) aunque manteniendo cierta uniformidad con las anteriores portadas, como queriéndonos decir que el alma ahora es oscura aunque los elementos a usar son los mismos. Recuerdo que hace un tiempo fui a un show que The Field hizo en el Ekko holandés, y cuando terminó el mismo, estando yo borracho, me crucé con él en el bar del local y le di la mano y le dije "eres el mejor". El nórdico me miró asustado porque creería que estaba frente a un talibán y sus horas estaban contadas. Lo cierto es que estamos ante uno de los más innovadores creadores de la electrónica actual, alguien que es capaz de hacer de la repetición algo diferente.

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Prefab Sprout-Crimson/Red



Es extraño como el legado dejado por Prefab Sprout ha ido pasando poco a poco al olvido. Y es que la banda ideada por Paddy McAloon fue sin duda una de esas perlas que flotaban en el universo pop allá por los 80´s, década en la que casi todos los artistas y/o bandas tenían como prioridad ser diferentes. Paddy mientras tanto se centraba en crear canciones, obsesionado con la perfección y la belleza sin tener muy presente aquello del estrellato. Fue así que creó obras maestras como el Steve McQueen, From Langley Park to MemphisJordan: The Comeback, por citar algunas de sus creaciones. Luego el cuarteto se hizo humo, perdimos los rastros de Paddy, la vida siguió su curso, y de alguna forma todos olvidamos a Prefab Sprout. El vacío duró hasta que hace casi un lustro Paddy entró nuevamente sigiloso en la vida pública con un álbum bajo el brazo, Let's Change the World with Music (2009), y con la lamentable noticia que estaba quedando ciego y sordo a causa de una enfermedad degenerativa. Fue una noticia lamentable para todos los amantes de la buena música, pero sorprendente fue también el saber acerca de su deseo de querer seguir adelante con un álbum que sin embargo no presentaba material nuevo, sino canciones que habían quedado incompletas en el baúl de los desechos. El disco fue re-masterizado y, claro, fue un tremendo regreso. Para este año nos vuelve a sorprender con otro álbum que rescata viejas grabaciones que han sido pulidas al mejor estilo McAloon, es decir, persiguiendo la perfección melódica, la belleza de los acabados, y el romanticismo desbordado pero sin caer en la ñoñeríaCrimson/Red es atemporal como cualquiera de sus otros discos, aunque la diferencia radica en que todo el crédito se lo lleva McAloon quien escribió, grabó, produjo y tocó todo el disco él solo. Como en los viejos tiempos, Paddy ha creado otro álbum clásico desde su salida, y es que el pop adolece desde hace algunas décadas de verdaderos songwriters como Paddy McAloon, artistas con la obsesión de crear canciones atemporales que nos acerquen al menos un poco a ese ideal de belleza al que todos, de alguna u otra manera, aspiramos.


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Bill Callahan-Dream River




Bill Callahan nuevamente alcanza la excelencia con el magnífico Dream River, álbum en el que se asentúa la madurez manifiesta desde que empezó a usar su nombre (Woke on a Whaleheart, 2007) para firmar sus discos en desmedro del seudónimo que lo acompaño durante la primera parte de su carrera. Hablo de madurez en el sentido de encontrar el equilibrio interno, y eso se refleja en su música- Al menos, la aceptación de la vida y sus enormes interrogantes es un hecho que se traslada a su música y a sus reflexiones. El camino de Bill ha ido desde la complejidad de su mundo interior hacia la simpleza, tanto de tus textos como de su música. El minimalismo se aprecia en las disminución de arreglos, ya que el protagonismo es ahora la de su voz, capaz de expresar distintas emociones con aquella virtud otorgada por los dioses, la que no necesita mayores desvaríos sonicos más allá de los estrictamente necesarios. Siempre fue su voz, pero los años la han curtido con sabiduría, y él ha aprendido a usar su invaluable instrumento natural. Por momentos hay exotismo, vientos que describen un entorno natural, una guitarra que se incendia en una sola nota, un tempo que se dilata con el ritmo apacible que a la vez es cálido, en fin, Dream River es un disco en el que se respira naturaleza, se percibe paz y a la vez sabiduría. Bill Callahan lo volvió a hacer y a nosotros solo nos queda agradecer su maestría.

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Stream-Grass Is Green

Grass Is Green – “Vacation 2.0″

Vacation 2.0 pertenece al nuevo álbum de los norteamericanos Grass Is Green que llevará por título Vacation Vinny y que saldrá a la venta a mediados de enero a través de Exploding In Sound Records.

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Radar-Ernest Gibson

Ernest Gibson – “When You Get There”

When You Get There pertenece al álbum debut de Ernest Gibson, mitad de Net Shaker, que llevará por nombre Island Records y que salió precisamente hoy a la venta a través del sello danés Skrot Up.

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Stream-Angel Olsen

Angel Olsen – “Forgiven/Forgotten”

La talentosa cantautora Angel Olsen ofrece en la red Forgiven/Forgotten, adelanto de su próximo álbum que saldrá a mediados de febrero del próximo año y que llevará por nombre Burn Your Fire For No Witness.


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Stream-Thunders

Thunders – “Noasis”

El trío norteamericano Thunders está a punto de sacar un nuevo álbum y Noasis es el single que empieza a crear expectativas en torno a esta nueva entrega de la banda de Illinois.


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Vampire Weekend-Modern Vampires Of The City


A Vampire Weekend siempre se le ha considerado la banda hipster americana por excelencia: guapos, bien vestidos, delgados, inquietos culturalmente, puramente universitarios, con un punto pijín, irónicos tanto con el mundo como consigo mismos… Esto ha provocado, curiosamente, que en esos mundillos de gente que se supone que “sabe de música” (o que al menos presume de ello) se les trate con un poco de ambivalencia: se reconoce su valía como grupo de hits cañoneros, aparentemente simples pero que esconden más influencias y sonidos de lo que parece (faltaría más con una carrera que cuenta con A-Punk, Cape Cod Kwassa Kwassa o Cousins, por poner tres ejemplos), pero también existe bastante desdén e incluso fastidio ante ellos. Pero tras su tercer disco, publicado en mayo de este año, hasta los detractores más acérrimos han tenido que resignarse a la evidencia: todo lo que puedan tener de modernillos, lo tienen de buenos.

Y es que Modern Vampires Of The City no es sólo bueno, es sobresaliente. Y siendo su disco más inquieto hasta la fecha, es también el más minimalista y sosegado de su discografía: predominan las baladas, y no hay muchos temas en los que el grupo acelere el paso, con lo que los fans que esperaban con ansia viva el nuevo A-Punk o Cousins del 2013 sólo tienen para satisfacerse el rockabilly furioso y distorsionado de Diane Young y las juguetonas Worship You y Finger Back. Esto puede ser decepcionante para estos fans, pero es más que adecuado para el que es sin duda el disco temáticamente más oscuro y sombrío que el grupo ha hecho hasta la fecha: el apocalíptico Manhattan descrito en Hudson o las espinosas verdades históricas a las que alude Finger Back eran impensables hace cinco años, y el paso del tiempo y cómo este afecta al amor, amistades y demás es un tema constante en todo el disco, haciéndolo no especialmente pesimista, pero mucho más reflexivo que los dos anteriores.

Temáticamente es oscuro, y sónicamente parece más austero y tranquilo que los anteriores, pero lejos de ser un disco monótono, si se escucha con un mínimo de atención, Modern Vampires Of The City revela la mayor variedad de influencias y arreglos que el grupo ha mostrado hasta la fecha: Paul Simon, new wave, Talking Heads, indie-pop inglés, algo de afrobeat, algo de música de cámara, gospel e incluso hip-hop (el beat de la excelente Step, que mezcla el hip-hop con clavicordios barrocos, casi nada) se van sucediendo y mezclando como si nada gracias a la experta mano del teclista Rostam Batmanglij, que aquí co-produce junto a Ariel Rechtshaid, y que propone a lo largo del disco algunos de los arreglos más inesperados y extraños de la carrera del grupo, como los coros pituferos del estribillo de Ya Hey, o la variación del pitch de la voz de Ezra Koenig en el estribillo de Diane Young, los cuáles sonarán raros sobre el papel, pero terminan cuadrando de manera fantástica, y le dan al disco un aire de imprevisibilidad constante que el oyente agradece bastante. Sin embargo, de todos ellos, el giro que más estruja el corazón es seguramente el más previsible y canónico de todos: en la excepcional y letárgica Hannah Hunt (mi favorita del grupo), en la cual Ezra describe un viaje por EEUU de la mano de la un poco caprichosa Hannah, en el minuto 2:40 entra una batería poderosa de la nada, los arreglos suben de intensidad, y Ezra empieza a gritar a pleno pulmón “If I can’t trust you, then dammit Hannah/ There’s no future, there’s no answer” en el momento más emocionante, sincero y desgarrador de la carrera del grupo, y uno de los candidatos más serios al premio a los mejores 30 segundos musicales del año, al lado del final del Line Of Fire de Junip, el crescendo antes del último estribillo del All The Days de Haerts, el estribillo dramático del I Appear Missing de Queens Of The Stone Age o el momento en el que entra la batería en Giorgio By Moroder de Daft Punk, por poner cuatro ejemplos.

Hay demasiadas influencias que me he dejado sin comentar (como el homenaje a Springsteen via Paul Simon de la preciosa Unbelievers), pero es que Modern Vampires Of The City es uno de esos raros discos que, pareciendo simple e inmediatamente disfrutable en una escucha superficial, es tremendamente denso si se quiere profundizar en él, y diseccionarlo entero nos podría llevar a algo aún más largo y tedioso que esta crítica. Tan sólo quédense con la idea que les he intentado transmitir en esta crítica más larga de lo que debería ser: escuchenlo. Ya. Ahora mismo, si no lo han hecho todavía durante este año. Si les sirve de algo, y se fían de un don nadie aficionado a escribir cosas en Internet, yo creo que es no sólo su mejor disco, sino uno de los mejores discos de este año. Y en un año plagado de discos para el recuerdo, se me ocurren pocos halagos mejores y más elocuentes que ese.


Mi nota: 8.5

Mis favoritas: Unbelievers, Step, Diane Young, Hannah Hunt, Ya Hey


Daniel Díaz.


Modern Vampires Of The City





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Stream-Marissa Nadler

Marissa Nadler – “Dead City Emily”

Dead City Emily es el primer single del nuevo álbum de Marissa Nadler titulado July que sale a la venta en febrero del 2014 a través de Sacred Bones y Bella Unión.


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Boards of Canada-Tomorrow's Harvest



Está demás decir que este año ha sido de regresos, con campañas de publicidad ingeniosas y otras que no lo fueron tanto. Nos hemos reencontrado con material nuevo de bandas o artistas que han vuelto del ostracismo y que, en líneas generales,  han entregado trabajos por demás satisfactorios. Al igual que Bowie, My Bloody Valentine, Daft Punk y un largo etcétera, este 2013 también ha sido el año que volvió el dúo Boards of Canada luego de ocho años marcado por el punto aparte que significó The Campfire Headphase (2005). Sin duda, su nueva entrega titulada Tomorrow's Harvest muestra el sonido característico de los escoseses, que parece no renuncían a la creación de paisajes visuales utilizando sonidos. Percibimos un mundo bucólico en el que los trazos de la realidad se difuminan, los colores se multiplican, el ritmo no sigue un patrón sino más bien divaga entre lo cadensioso y lo repetitivo sumergiéndonos en ese mundo en espiral creado por texturas y un tempo que se mantiene suspendido. Tomorrow's Harvest es otro álbum con el que Boards of Canada nos inserta en mundos extraños pero que de cierta forma reconocemos, quizás por la naturaleza cinemática de su música, siendo ésta su forma de hacer apostolado en un mundo que vive de espaldas a la belleza de lo natural. Otro trabajo soberbio de los hermanos Sandison que a pesar de un hiato que nos dejó en vilo nos muestran que no han perdido el estado de forma.


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Darkside-Psychic



Nicolas Jaar se ha ganando un nombre dentro del mundo de la música con menos de 25 años, y eso gracias a los diversos proyectos en los que se ha visto envuelto, con los que ha mostrado esa ambición creativa que muchos deberían envidiar. Para esta ocasión une fuerzas con el multi-instrumentalista Dave Harrington con quien, luego de un EP homónimo y algunos remixes, saca al mercado Psychic, álbum que intenta fusionar la electrónica experimental minimal de Jaar, con la exhuberancia de las cuerdas y el ritmo básico de las composiciones de Harrigton, situación que trae como resultado canciones de multiples texturas, rugosas, sintéticas, con cierta predilección por las oscuridad, estado que se extiende por todo el álbum, no rehuyen a flirtear con el hip hop, etc. La sensación general que ofrece el disco es de trance, ya que transporta a un mundo donde gobiernan los sonidos, en donde los detalles, por más mínimos que sean, nos sumerge en un estado de ensueño. Psychic es un álbum con el que podemos confirmar que no es necesario entender de música para disfrutar de una aventura sónica, en la que los sonidos gobiernen, y nuestros cerebros e imaginación trabajen.


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Daft Punk-Random Access Memories




Hype: tan deseable y, a la vez, tan peligroso, tan capaz de encumbrar a un artista como de dilapidarlo. El hype, en el mundo de la música electrónica, tiene un nombre, y uno solamente: Daft Punk. Con sólo tres discos en más de quince años de carrera (cuatro si contamos la banda sonora de Tron: Legacy), el dúo francés es mucho más que una entidad musical: no hay nada que hable más claramente de su éxito e influencia como la cantidad de gente surgida en los últimos 10 años de la que se ha dicho que "suena a Daft Punk". Y, como si la sola mención de material nuevo suyo no fuera suficiente, la campaña de publicidad que precedió a su cuarto (o quinto, según se quiera ver) disco fue abrumadora. ¡Nile Rodgers! ¡Pharrell! ¡Giorgio Moroder! ¡Funk! ¡Años 70! En un año de anti-campañas publicitarias y lanzamientos ninjas, Daft Punk se marcaron una campaña publicitaria de las que ya casi no se ven, impecable en su desarrollo, movimientos y dosificación de la información musical, y que sólo Arcade Fire, con bastante menos precisión, se atrevería a emular este año. Toda ella, apoyada en su espectacular single de presentación, empujaba a pensar que este iba a ser su disco de homenaje al funk y a la música disco. ¿Fue así al final?

Pues... no del todo. De la misma manera que Homework no era solamente un homenaje al house ochentero, Random Access Memories tiene algo de funk, pero no es exclusivamente un disco de Chic hecho con equipamiento moderno. Además, hay bastante soul (la cuarta parte del disco son baladas sensuales cantadas a vocoder), rock progresivo, algo de musical setentero, pop electrónico e incluso un poco de techno machacón a la vieja usanza para el final, resultando el conjunto final como una especie de musical disco-soul-progresivo-setentero, si eso puede tener sentido. Pero sobre todo, Random Access Memories es un homenaje al poder del elemento analógico y humano en la música de baile, algo que, en un tiempo en el que la música de éxito es cada vez más robótica, aburrida, falta de ideas y deshumanizada, no es sólo necesario, sino que se convierte en un manifiesto para muchos de nosotros, una proclama que, para más ironías de la vida, ha tenido que ser hecha por dos tipos que en todos sus conciertos se disfrazan de robots, y que gustan de usar algo tan deshumanizador como el vocoder. Dos tipos, eso sí, que han podido disponer de todo el tiempo, dinero y colaboraciones estrella que han creído necesario, lo cual, unido a su ya demostrada pericia tras la mesa de mezclas, se nota, y mucho: este es el disco mejor producido no sólo del año, sino posiblemente de los últimos diez años. Ponerse este disco con cascos y percibir todos los sonidos tan perfectamente posicionados que se suceden es un placer de un calibre peligroso.

Como decíamos antes, hay muchas, pero que muchas colaboraciones, y algunas de ellas bastante conocidas. Hablemos primero de los temas que no las tienen: entre ellos destacan sobre todo Contact, un poderoso cierre que recuerda a la gente que Daft Punk son, sobre todo, maestros del house machacón; y la hipnótica Motherboard, uno de los momentos más seductores y estimulantes del disco, y que recuerda a un clásico perdido de algún grupo de rock progresivo casi olvidado (a mí me recuerda a ratos a Tangerine Dream). Del resto,The Game Of Love, Within, Beyond y Fragments Of Time (de nuevo con Todd Edwards) son puro Daft Punk en modo balada funky-soul a lo Something About Us. Within es bonita, pero el resto no me dice mucho, y me refuerza la idea  que los discos de Daft Punk casi siempre son tremendamente irregulares.

En el terreno de las colaboraciones conocidas, la que más brilla es la del incombustible Nile Rodgers
,que le regala al duo francés tres de los mejores riffs que ha hecho en años para los tres temas más puramente funkies del disco (Give Life Back To MusicLose Yourself To Dance y el ya clásico atemporal Get Lucky), dos de ellos cantados por Pharell. Panda Bear se deja ver en uno de los cortes más polarizantes del disco (yo no lo aguanto, a mucha otra gente le encanta), Doin' It Right; y Julian Casablancas con vocoder canta la muy synth-popera Instant Crush. He dejado a Paul Williams y Giorgio Moroder para el final porque sus dos momentos merecen comentario más amplio. Touch, la colaboración con Paul Williams, y la pieza central tanto en posición como en importancia del disco, es un musical entero comprimido en ocho minutos, que empieza de manera atmosférica, y termina saltando de la música disco (con piano muy ragtime) a Andrew Lloyd Webber (con coro de voces blancas y todo), para terminar con el piano y la voz de Paul Williams de nuevo. Dentro de un disco bastante experimental, este es el experimento más arriesgado de todos, y el hecho de que el duo francés transforme algo que en papel suena a aberración musical en un tema imperfecto, pero fascinante, habla tanto de su pericia como de la pasión de todos los implicados en la pieza, empezando por el propio Paul, que ofrece una de las mejores interpretaciones vocales que se le recuerdan en años.

Giorgio By Moroder, el homenaje del dúo francés al mítico músico italiano, merece un párrafo propio. Más sencilla en estructura que Touch, se divide en dos mitades: en la primera Giorgio relata algunas de sus experiencias a modo de libro de autoayuda, y tiene un arreglo más sintético (uno de los pocos momentos del disco en los cuales hay un beat programado) que suena a puro Moroder, propulsado por el elemento central de todo el tema, un sinte burbujeante e hipnótico que hace justicia a las mejores lineas melódicas del maestro. Pero siendo disfrutable, es en la segunda mitad cuando el tema explota del todo: entran cuerdas, se va el beat programado, y es sustituido por la mejor sección rítmica que oirán en este año, con dos leyendas como JR Robinson y Nathan East haciendo virtuosa magia, y transformando la sección rítmica en un explosivo cruce entre jazz y drum 'n' bass épico y apasionante. Se incorpora un DJ haciendo scratching a la sección rítmica, y el juego entre ellos tres (el mejor momento del disco) va subiendo de intensidad hasta que una guitarra eléctrica sangrante se incorpora haciendo estragos justo al final, transformando el tema en rock de alta intensidad en el minuto de música más épico creado este año. Giorgio By Moroder es tan extenuante como excitante, épica, compleja y a la vez disfrutable de la manera más primaria y sencilla imaginable, y está entre los cinco mejores temas no sólo del año, sino de la carrera de Daft Punk, siendo el homenaje perfecto a uno de los músicos más importantes e influyentes de los últimos cincuenta años.

Y con todo, como sucede en toda la discografía de Daft Punk (salvo Homework que me parece perfecto de principio a fin), Random Access Memories me parece en conjunto un disco muy irregular, con temas tan grandiosos como Giorgio By Moroder o Get Lucky al lado de temas que me dicen tan poco como The Game Of Love, Instant Crush, Doin' It Right o Beyond. De todas maneras, es algo a lo que los fans de Daft Punk estamos más que acostumbrados, y los puntos más álgidos de este disco pertenecen desde ya al catálogo de clásicos del dúo francés, justificando por sí solos la compra a ciegas de un disco que mantiene el nivel y la leyenda de la discografía excepcional del grupo, incluyendo a Human After All, disco que defenderé hasta el final de mis días como uno de los discos más infravalorados e injustamente vapuleados por la crítica de los últimos 20 años, justo al lado de MAYA (allí hay otro debate interesante para otro momento). Y aunque no tuviera los temas legendarios que tiene, merecería la pena la compra sólo por la reivindicación del alma analógica en la música de baile, cosa que, en estos tiempos de dominio de productores y "divas" fotocopiadas (rellenen los nombres ustedes), es más necesaria y vital que nunca.

Mi nota: 7
Mis favoritas: Giorgio By Moroder, Get Lucky, Motherboard, Contact

Daniel Díaz




Random Access Memories

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Disclosure-Settle




La música dance inglesa lleva cerca de diez años dándole un repaso importante en calidad (no tanto en ventas) a su ex-colonia del otro lado del Atlántico, además de ser la única respuesta europea al imperio electro-pop y dance escandinavo, con gente tan importante e innovadora en la música de baile reciente como Katy B, Benga, Zomby, Rudimental, DJ Zinc, Little Boots, Roisin Murphy o Chase and Status. De los más jóvenes de todos ellos (23 y 19 años), de los que han sufrido un ascenso más meteórico (su ascenso final se produjo sobre todo desde octubre de 2012) y de los que tenían el medidor de hype de los fans más por las nubes, Disclosure por fin publicó su debut a mediados de este año, para regocijo de los amantes del deep house, el two-step, el garage y los sonidos más noventeros del dance inglés.

Settle, que es como se llama su debut, suena, como ya hemos dicho antes, a garage y deep house de corazón noventero y algunos (pocos) detalles contemporáneos, pero sobre todo, como atestigua su éxito de ventas, es un disco con alma pop. No hay desarrollos largos, ni introducciones atmosféricas, ni nada que huela a la etiqueta progressive” en su propuesta: cada uno de sus 14 temas es un trallazo de no más de cinco minutos, directo, bailable, de producción impecable y de estribillo extremadamente pegajoso, conformando un disco lleno de trallazos que, cierto es, no suena especialmente innovador (lo que más le han criticado sus detractores), pero que es tremendamente disfrutable tanto con la cabeza y oídos como con los pies. Además tiene a favor que es uno de los discos mejor secuenciados del año: cada canción fluye de manera natural hacia la siguiente, manteniendo el momento como en las mejores sesiones desde la más electro-funk-ochentera [When The Fire Starts To Burn (uno de los cortes más puramente bailables del disco) hasta el más relajado final con la excelente Help Me Lose My Mind, lo que permite, además de darlo todo en la pista con sus singles, escuchar el disco de manera completa.

Hay muchas colaboraciones vocales, y de nuevo cosa rara en un disco de estas características, todas rayan a un nivel alto como poco. Algunas son más conocidas: Jessie Ware derrocha clase y sensualidad en Confess To Me (recuperando el sonido de los bajos más dubstep en clave bailable, casi nada), el infravalorado Jamie Woon le antecede en la deliciosa January, y también brillan Aluna Francis (AlunaGeorge) en la más RandB (y más cercana al sonido de AlunaGeorge) White Noise y Eliza Doolittle en You And Me, dos de los tres singles publicados desde octubre de 2012 y que llegaron hasta el top 10 de las listas británicas. De las menos conocidas, Sam Smith y Hannah Reid (vocalista de London Grammar) brillan en Latch y la ya mencionada Help Me Lose My Mind , pero el mayor descubrimiento del dúo, y uno de las estrellas emergentes más brillantes de la escena inglesa, la londinense Sinead Harnett, ve relegada su excepcional Boiling (una de las más garageras del duo) a bonus track de la edición deluxe del disco, decisión que todavía hoy no alcanzo a comprender, y que me sigue pareciendo una pena.


Aún sin este tema, Settle es un debut que supera el importante hype que el dúo se había ganado en 2012, y que, si bien no deja de ser una revisión de sonidos pasados, está hecho con tanto gusto, elegancia, precisión y densidad de pepinazos por minuto que habría que ser un poco asustanciao (viva José Mota) para no pasárselo de miedo con él. Tan sólo un consejo final: intenten conseguir la edición deluxe como sea, porque temas como Boiling o su ya mítico remix de Running de Jessie Ware merecen la pena el desembolso extra.


Mi nota: 7.5 (8 para la edición Deluxe)
Mis favoritas: When A Fire Starts To Burn, Grab Her!, Confess To Me, Boiling (edición Deluxe)


Daniel Diaz





Settle


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Fuck Buttons-Slow Focus



A finales del 2012 tuve la suerte de ver en vivo por segunda vez a Fuck Buttons en lo que sin duda sería el mejor concierto al que asistí dicho año. Aquel día escuché por primera vez The Red Wing, adelanto de lo que sería Slow Focus, pero para tal ocasión el enfoque sobre dicha canción era más techno, motivo por el que muchos de sus seguidores (entre los que me incluyo) arquearon la ceja en señal de incertidumbre. Sin embargo, dicha canción apareció a mediados de año como primer single de Slow Focus, y sin duda había sufrido una transformación: más metálica y densa; menos sintética. Es un poco el resumen de lo que es Slow Focus, tercer álbum del dúo inglés, con el que siguen dando la talla, acentuando virtudes ya conocidas, menos tribal aunque siempre persiguiendo la economía de recursos, lo que al final sigue siendo una de sus virtudes. La nueva entrega del dúo formado por Andrew Hung y Benjamin John Power mezcla intensidad (agresiva o sensual) con momentos organicos que al mismo tiempo son introspectivos (The Year Of Dog) y hasta por momentos nos recuerda al IDM inteligente de Oneohtrix Point Never (Prince´s Price) o a las texturas borrosamente bellas de Boards Of Canada (Hidden XS). Fueron cuatro años de angustiosa espera y aunque Slow Focus no cambiará la escena alternativa, es una nueva muestra de cómo se va desarrollando la identidad creativa de un colectivo, en este caso un dúo. Fuck Buttons sigue teniendo crédito gracias a su ambición artística.

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Savages-Silence Yourself



Hace un año vi a Savages en vivo un poco de casualidad ya que formaban parte del cartel que presentaba el festival London Calling en Amsterdam. Uno de mis amigos, quien tampoco las conocía, dijo que se parecían a Joy Division, replicándole yo que más bien se asemejaban a Siouxsie. El punto era que eramos transportados a los primeros 80´s, cuando la oscuridad se manifestaba imponente en la escena alternativa británica. Lo cierto es que el cuarteto no solo era un hype bien pensado sino que sobre todo mostraban actitud, energía y, claro, canciones. Para este año la banda anglo/francesa debuta en largo con Silence Yourself, en el que agrupan los singles que salieron desde el año pasado hasta la fecha del lanzamiento del álbum, agregándole algunos cortes que complementan en cuanto a concepto e intensidad los ya conocidos. La voz de la francesa Jehnny Beth nos recuerda a la de Siouxsie Sioux, entre la fiereza y el llanto, liderando ese torbellino de sensaciones dejado por el ritmo apabullante y la fiereza de las cuerdas. Silence Yourself es un álbum que rescata la esencia del post punk, pero no es un sonido nacido de la nada, sino que me parece el más apropiado para expresar la filosofía que las sostiene, que se mueve entre el feminismo y la crítica frente a la sociedad de consumo. Savages ha logrado con este álbum el debut soñado, veremos como se manifiestan los siguientes episodios.

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